Doce años de vigencia de los Acuerdos de Paz no han modificado la distribución desigual de la riqueza, el racismo o la violencia contra las mujeres. La agenda neoliberal, que contradice la propuesta participativa y redistributiva de la paz, se ha impuesto desde 1996. La acumulación de demandas no resueltas genera conflictividad, a la que el Estado responde con el uso de la fuerza y la criminalización de protestas y actores sociales. El Estado, débil en cuanto a su capacidad de aportar al bienestar colectivo, se fortalece en el ejercicio de la violencia. La organización político-social se verticaliza, en vez de democratizarse.
La alternativa a este proceso de estancamiento o involución autoritaria pasa por la reapropiación del espíritu transformador que originó los Acuerdos de Paz y por la dinamización de un nuevo ciclo de luchas orientado a la transformación estructural. Guatemala, un país marcado por un continuo de violencia, racismo, patriarcado y explotación, afronta el reto de construir una sociedad justa, democrática, multinacional, promotora de las diversidades, equitativa en cuanto al respeto de los derechos de las mujeres, a partir de una nueva práctica de lucha: articulada, integral y desarrollada con la participación de todas y todos.
1. El país se queda sin presente
2. Balance sustantivo de la paz
3. Socialdemocracia tropical, excluyente y violenta: un proyecto político sui géneris
4. El reto para los movimientos sociales: la lucha articuladora por la transformación de Guatemala
5. Perspectivas: superar la anormalidad en la que vivimos
Bibliografía