La familia y la escuela son las principales instituciones de transmisión de valores y de pautas de comportamiento en las sociedades contemporáneas. También en la consecución de una cultura de paz desempeñan un papel estelar. Sin embargo, no son los únicos protagonistas cuando de hacer avanzar ese horizonte se trata. Las organizaciones de la sociedad civil en general, y el mundo asociativo en particular, pueden asimismo aportar su grano de arena en el empeño. El presente trabajo intenta arrojar luz sobre las condiciones y alcance de la aportación que el mundo cívico puede hacer a la educación para la paz.
No obstante, no es oro todo lo que reluce bajo la rúbrica de sociedad civil. En ocasiones bajo su manto protector operan expresiones incívicas, por cuanto ni creen en la igualdad moral de todo ser humano ni tampoco en el respeto de las virtudes cívicas que sustentan el funcionamiento de todo sistema democrático y pluralista. También a este aspecto dedicamos algunas reflexiones.