Éste es el primer estudio sistemático acerca de los gastos en desarme y procesos de pacificación mundiales. Examina los gastos derivados de los efectos secundarios de las guerras (la desactivación de las minas terrestres, la repatriación de los refugiados, la desmovilización de soldados y la reconstrucción); asimismo, investiga los gastos destinados a poner en marcha los tratados sobre armas convencionales, químicas y nucleares. Por último, explora las posibilidades de financiación de la clausura de las bases militares, la conversión de la industria militar y el mantenimiento de la paz.
El análisis llevado a cabo por Michael Renner demuestra que los gobiernos se han molestado muy poco en invertir para lograr un mundo más pacífico, descubriendo que, aunque los presupuestos para el desarme existen, son aislados en lugar de permanentes, y están destinados a hacer frente al legado destructivo de la guerra y sus preparativos, prestando poca atención a lo que vendrá después.
Si se estudia más a fondo el reciente holocausto sucedido en Ruanda, se llega a una conclusión clave descrita en este informe: resulta mucho más barato intentar evitar los conflictos violentos que afrontar sus repercusiones. De hecho, se está incrementando el coste que supone no hacer nada por la desmilitarización. Si bien los gobiernos pueden considerar los gastos en pacificación como categoría de gastos no deseados, dichos gastos constituyen una inversión muy ventajosa. A fin de lograr asentar la financiación para la paz sobre bases sólidas, el estudio recomienda la creación de un fondo permanente para el desarme mundial.