Guinea Ecuatorial es un estado que ha pasado de figurar en la lista de los países menos avanzados del planeta, a ser uno de los principales productores de petróleo del África subsahariana, pese a su escasa población. Pero el crecimiento económico generado por el boom energético no ha ido acompañado de una distribución homogénea de la riqueza. Los altos niveles de corrupción y la falta de control popular sobre las inversiones han conducido a la aparición de graves desequilibrios sociales. La población guineana ha empezado a estratificarse, surgiendo una auténtica sociedad de clases, en la que todos los poderes están en manos de una familia extensa, que controla buena parte de los negocios del país, ocupa los puestos clave de la administración y goza prácticamente de inmunidad. Los ingresos procedentes del petróleo han servido para consolidar el Gobierno, que mantiene excelentes relaciones con buena parte de la comunidad internacional. La cooperación no ha conseguido contribuir a un desarrollo sostenible; es más, muy probablemente ha servido para reforzar un régimen totalitario, que hace imposible el progreso del país.
1. El bienestar que no llega
2. Un pozo sin fondo
3. Un Estado sin Estado
4. La cooperación justificativa
Notas
Bibliografía
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