Plantearse la contribución de las mujeres a la paz implica la identificación de uno de los sexos como actor político particular en favor de una causa que es, como en el caso de la paz, de interés universal. Ello abre algunos interrogantes, tales como: ¿Son las mujeres más pacíficas que los hombres? ¿Puede decirse que ellas no son responsables de las guerras y de las violencias que han marcado el devenir de la humanidad? ¿Pueden las mujeres contribuir, de manera específica, a la construcción de la paz? Éstas y otras cuestiones similares perfilan un vivo debate que se ha suscitado en muchos momentos de la historia y que se sigue entablando en la actualidad. En este debate se imbrican niveles simbólicos, sociológicos y psicológicos, lo cual está en la base de su reiteración, aunque el comportamiento de la mujer en la historia no permita efectuar afirmaciones de carácter esencialista, caracterizadoras del conjunto de las mujeres. Esto es así también en el caso de los hombres. Lo anterior, no obstante, no nos impide constatar que la mayoría de las acciones violentas que se cometen en el mundo las ejecutan los hombres, y que las mujeres han desarrollado una destacada labor en el impulso de iniciativas en favor de la paz, tanto en el pasado como en el presente. Dada la secular relegación de la mujer de los asuntos que tienen relación con la paz y la guerra, esta relevancia, que constituye, de por sí, un significativo apoyo a la tarea civilizadora de la humanidad, ha de ser rescatada, analizada y confrontada con la problemática que comportan el avance hacia la erradicación de la violencia y los procesos de construcción de la paz. Algunos grupos de mujeres sí están haciendo importantes aportaciones, y otros podrían bien hacerlas, a la causa de la paz.