Los esfuerzos individuales y colectivos encaminados a conseguir un orden social más armonioso, justo y salubre en términos de convivencia tienen como premisa la dificultad, imposibilidad incluso, de alcanzar un estadio sostenible en el que la violencia, cualquier manifestación y forma de violencia, se encuentre total y permanentemente ausente. Pero, en el caso hipotético de que dicho estadio de ausencia de violencia llegase a alcanzarse en nuestra sociedad imaginada, éste no constituiría sino una fase precaria, siempre sometida al riesgo de revertir a la situación anterior prepacífica. Ésta es precisamente una de las tareas que afrontan las movilizaciones y campañas por la paz: el conseguir, mediante la prevención, paliación y rectificación de todas aquellas circunstancias y situaciones que obstaculizan la convivencia armónica de individuos y grupos, que ese momento precario de ausencia de violencia se prolongue durante el mayor tiempo posible en el decurso de nuestra vida social.