Muy unido al pacifismo que surge en el marco de la guerra fría está un concepto de paz ligado al que se va formulando como derecho a la paz. Surge como reacción ante la carrera armamentista y como contraposición al derecho a la guerra: en una guerra con destrucción mutua asegurada resulta imposible encontrar justa causa y menos aún adecuados medios. El derecho a la paz es así inicialmente el derecho a que se eviten esas guerras con armas nucleares, químicas y bacteriológicas. En este sentido es una parte de la búsqueda de paz negativa, que se concreta especialmente en la exigencia del desarme nuclear. Pero pronto desborda este horizonte porque, por un lado, introduce un claro elemento de solidaridad, típico de los derechos de tercera generación: el derecho a la paz se plantea como el derecho a la humanidad en su conjunto a pervivir; y, por otro lado, muchos van a proponer relacionarlo expresamente con la paz positiva, al indicar que los gastos detraídos a la carrera de armamentos deben desviarse a atender las necesidades sociales de la justicia. Aunque las condiciones geopolíticas de la guerra fría han variado, sigue siendo muy relevante para la paz enfrentarse a la poderosa dinámica armamentista y las formas de guerra y violencia que alimenta. Por eso la Escuela de paz no renuncia a tener presente esta dimensión de la paz, actualizando lo que ha sido tradicionalmente el movimiento por el desarme.