La paz implica, como hemos dicho, transformaciones estructurales, se encarna en estructuras de justicia, pero implica también, como se ve con claridad en la opción pro la noviolencia, convicciones subjetivas arraigadas, se encarna en las mujeres y hombres de paz. Tanto la vía plena de paz como la situación plena de paz son aquellas en las que la dimensión estructural y la subjetiva se estructuran y potencian en una especie de círculo virtuoso. La Escuela de paz atenderá por eso especialmente a esta formación de la personalidad pacificada y pacificadora. Lo que puede concretarse de dos maneras: como tareas de educación en convicciones arraigadas de paz y noviolencia, para lo cual hay que llegar combinadamente a las dimensiones cognitiva, afectiva y motivacional; o como tarea de educación en actitudes de paz (autonomía, empatía, cooperación…).