Propugnar la paz no significa propugnar la ausencia de conflicto. Significa reconocer la condición conflictual de nuestras relaciones y ver en ella una ambigüedad, una posibilidad y un estímulo para avanzar en diversos terrenos y un riego para desembocar en la violencia. La situación de paz, por eso, no debe ser identificada con la situación de ausencia de conflictos sino con la situación en la que los conflictos se gestionan —y, llegando el caso, se resuelven— positivamente. Por eso, la educación para la paz que se propugna en la Escuela de paz es una educación para el conflicto. Para su manejo creativo a nivel personal y colectivo.