Junto a iniciativas dirigidas a la comunidad educativa, la Escuela de paz pretende reforzar la madurez y el compromiso ciudadanos; por ello, sus acciones, tanto en el ámbito de la reflexión como en el de la elaboración de propuestas y actividades, tienen como destinatario último al conjunto de la ciudadanía.
De acuerdo con los principios de la ciudad educadora, hay que intentar que los ciudadanos mejoren su capacidad de analizar los problemas y de proponer soluciones, de colaborar en la acción política y, por qué no, de manifestar su discrepancia cuando sea necesario. La Escuela de paz, en definitiva, será también un programa de educación cívica en su sentido más amplio, de formación de una nueva ciudadanía comprometida.
Cada vez más, la familia está cediendo parte de sus funciones educativas a la escuela. Simultáneamente, se le demanda con intensidad que no cumpla solamente una función de transmisora de conocimientos sino también de los valores y actitudes que convertirán al joven en un ciudadano responsable, justo, crítico, dialogante, tolerante y solidario. Esta demanda social requiere de un gran esfuerzo que muchas veces es realizado en solitario por los educadores y que además rebasa los límites de la escuela.
En el terreno de la educación para la paz en el País Vasco encontramos que los educadores —en la educación formal y no formal— se encuentran desbordados. Aunque consideran que esta educación es necesaria no se sienten preparados para afrontarla, por su complejidad y por la falta de recursos formativos y de materiales didácticos adaptados a su trabajo diario.
Es necesario generar entre los educadores una serie de habilidades y dotarles de recursos que les permitan afrontar la educación para la paz de forma eficiente ya que la educación no es neutra y los educadores transmiten en su labor unos determinados valores y visiones del mundo. La educación para la paz hace explícitos el modelo de sociedad y de seres humanos que quiere promover, ligado a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento a todos los niveles de la sociedad. Los métodos empleados por los educadores deben ser coherentes con los contenidos y valores que se proponen. Han de ser métodos horizontales, participativos que fomenten la solidaridad, la cooperación, la empatía, el trabajo en equipo y la cooperación. Métodos que permitan establecer relaciones entre la realidad local y global, superando la compartimentalización del conocimiento.
La educación para la paz consiste en fomentar la capacidad de apreciar el valor de la libertad y las aptitudes que permiten responder a sus retos lo que exige la preparación de los ciudadanos para que sepan manejar situaciones difíciles e inciertas, prepararlos para el ejercicio de las responsabilidades individuales.
En este sentido, la Escuela de paz se quiere dirigir al conjunto de la ciudadanía, teniendo siempre en cuenta las limitaciones propias de una labor que comparte ese objetivo con otras instituciones y organizaciones que trabajan desde diferentes ámbitos en la promoción de los valores propios de la cultura de paz. Es por lo tanto, un objetivo muy ambicioso pero que expresa un principio, que todos y cada una de las personas somos responsables de trabajar porque los valores de paz guíen nuestras relaciones y nuestros comportamientos sociales.