Las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo han servido para clarificar el escenario político palestino y para culminar satisfactoriamente el proceso de sucesión de Arafat. Mahmud Abbas, ‘Abú Mazen’, quien fuera delfín del ‘rais’ durante la década de Oslo, ha sido elegido presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) por una abrumadora mayoría.

El hecho de que la participación haya sido similar a la registrada en las elecciones de 1996 es un dato sumamente positivo, sobre todo si tenemos en cuenta que las condiciones en las que se han celebrado las elecciones distaban mucho de las existentes nueve años antes y que el ejército israelí ocupa, desde el inicio de la Intifada de Al-Aqsa, las principales ciudades palestinas. La elevada participación –un 70%– muestra la madurez del electorado en unos momentos especialmente complicados. También merece destacarse que Mustafá Barguti, candidato de la Iniciativa Nacional Palestina, haya obtenido cerca de un 20% de los votos (frente al 9% obtenido por Samiha Jalil en 1996), porque supone un paso más en el tímido proceso de transición del autoritarismo a la democracia emprendido tras la desaparición de Arafat.

La tarea a acometer por Abú Mazen no es sencilla. Para empezar debe destacarse, como hiciera hace unos días Abd al-Bari Atwan, uno de los más avezados comentaristas de la realidad política árabe, que “las elecciones sólo servían para elegir al presidente de la ANP y no al presidente del pueblo palestino: su autoridad se circunscribe a los habitantes de Cisjordania y Gaza, que no a su territorio, ya que no detenta soberanía alguna”.

Abú Mazen es consciente de que la única posibilidad de devolver la esperanza a su pueblo es demostrar a la comunidad internacional que es un interlocutor válido para negociar con Israel, y esto pasa necesariamente por profundizar en las reformas administrativas, políticas y económicas, y, sobre todo, desactivar la Intifada de Al-Aqsa, tal y como exigió en su día la Hoja de Ruta. De hecho, su programa tiene como principal propósito la reanudación de las conversaciones con Israel, y el medio para lograrlo es la interrupción de la Intifada. Este propósito, loable sin duda, parece subestimar al Gobierno israelí, al dar por sentado que la ausencia de violencia le obligaría a retomar las negociaciones de paz.

Nada más conocerse la elección de Abú Mazen, el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Silvan Shalom, exigió que “lanzase una campaña contra el terrorismo”, y es previsible que, tras el atentado registrado en el paso de Karni que provocó la muerte de seis soldados, estas presiones se intensifiquen aún más. Frente a la mano dura reclamada por el Gobierno israelí, el presidente palestino es un firme defensor del diálogo para frenar la violencia, pero no lo tendrá fácil, tal y como muestra el hecho de que las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, vinculada a Fatah, haya sido una de las facciones que han reivindicado dicho atentado.

Desde que se convocasen las elecciones presidenciales, Hamas se ha mantenido en un discreto segundo plano, declinando participar en los comicios por considerarlos parte de los Acuerdos de Oslo que rechaza. Tras varias semanas de mensajes contradictorios, los dirigentes islamistas llamaron al boicot de las elecciones (al parecer sin demasiado éxito, a juzgar por los elevados índices de participación). Este llamamiento no implicó la interrupción del diálogo con Abú Mazen, con quien se celebraron diversos encuentros al más alto nivel de cara a impulsar una tregua de largo alcance.

La plena incorporación de Hamas al juego político contribuiría de manera notable a la causa de la paz, dado que le obligaría a replantear su sistemático recurso a la violencia. De hecho, Hamas no ha realizado atentados suicidas contra objetivos civiles desde hace más de medio año, lo que podría evidenciar un cierto desgaste por este tipo de prácticas. La negativa a intervenir en las elecciones presidenciales no ha sido impedimento para que Hamas participe en la primera fase de las elecciones municipales, donde ha cosechado un importante éxito, al conquistar nueve ayuntamientos (frente a los 14 dominados por Fatah), pero sobre todo al constatar su amplio respaldo popular (se hizo con uno de cada tres votos).

Aunque los grupos palestinos coinciden en la necesidad de ofrecer a Abú Mazen la oportunidad de relanzar el proceso de paz, también es cierto que la atomización militar en el campo palestino registrada como consecuencia de la Intifada no contribuirá a apaciguar los ánimos. Está por ver la actitud que mantendrá el nuevo gobierno de Unidad Nacional israelí ante este tipo de atentados y, sobre todo, si persistirán en su empeño de condicionar todo avance en las negociaciones a una completa interrupción de la violencia. El futuro del nuevo presidente palestino dependerá en gran medida de la voluntad del Gobierno israelí, que, como parte fuerte de la ecuación, es el único que puede reactivar el proceso de paz. No obstante, es poco probable que la existencia de un nuevo liderazgo palestino provoque un giro copernicano en la posición de Sharon, que se mantiene firme en su intención de ampliar las fronteras del Estado israelí por medio de su política de hechos consumados, destinada en último término a hacer inviable la creación de un Estado palestino.

Es probable que la luna de miel entre Abú Mazen y los palestinos se prolongue durante los próximos meses (lo más tardar hasta el 17 de julio, cuando se celebrarán elecciones legislativas), aunque también es evidente que el voto de confianza que le han dado en las urnas tiene una fecha de caducidad, dado que no es imaginable prolongar la situación de ‘impasse’ actual por un tiempo indefinido.

Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y colaborador de Bakeaz. Es coautor de ‘¿Por qué ha fracasado la paz? Claves para entender el conflicto palestino-israelí’ (2005) y editor de los libros ‘Informe del conflicto de Palestina. De los Acuerdos de Oslo a la Hoja de Ruta’ (2003).

© Ignacio Álvarez-Ossorio, 2005; © Bakeaz, 2005. Publicado en El Correo, 15 de enero de 2005.

  • 2007 Escuela de paz es un proyecto de
  • / Diseño de Álvaro Pérez
  • / Desarrollado por eFaber