Un mandamiento esencial de la seguridad es que los problemas no empeoren. Cuando los agentes de policía llegan al lugar de un accidente lo primero que deben hacer es notificar su posición, evitar más complicaciones y evaluar rápidamente su acción consiguiente. Poco que ver con esa imagen de llegar precipitadamente y coger lo primero que te encuentres, ni siquiera en los accidentes más tremendos. Hay que templar el ánimo, sin dejarse llevar por las emociones, siguiendo un método de trabajo que ha demostrado a lo largo del tiempo su efectividad y eficiencia.

Es el mismo sistema que, desde la perspectiva de la seguridad, debemos emplear ante la nueva situación determinada por la decisión de la dirección de ETA. Comencemos por ver la realidad. El “alto el fuego permanente” es un concepto abierto, cuyos contenidos todavía no están claros, porque en puridad significa el cese de acciones terroristas ‘en la primera línea’ (asesinatos y otros atentados), pero es diferente del ‘cese permanente de actividades’ (que incluiría la extorsión, la captación de nuevos terroristas, la formación de los disponibles o el seguimiento de objetivos por sus chivatos). En ‘treguas’ precedentes la actividad de la gente de ETA continuó, preparando con energía renovada su vuelta al terror. Así que, en principio, mientras no digan y se demuestre otra cosa, nos encontramos con la permanencia de acciones delictivas que exigen la persistencia de la intervención policial.

Eso sí, la situación es más delicada, porque los enfrentamientos que posiblemente se produzcan podrían originar una espiral de acción-reacción, que repercutiría en el deterioro de las condiciones. Las fórmulas para contrarrestar ese peligro de involución son clásicas: el ‘blindaje’ del proceso y la distensión en las relaciones, que pasa por una contención adecuada, regulando la oportunidad y la proporcionalidad de forma prioritaria. Tiene el gran inconveniente de disminuir la fuerza policial, por repercusiones en la mentalidad (del “a por ellos” se pasa al “a ver qué hacen”) y por reubicación de efectivos. Además, las circunstancias en que ha quedado ETA la favorecen, por mucho que se hable de su debilidad, que no es tal.

La fase que han elegido en ETA para su decisión los deja en una disposición ventajosa y, por tanto, preocupante para las fuerzas democráticas. ETA dispone de varios grupos terroristas operativos, de contrastada capacidad y sin descubrir por las policías. Ha hecho acopio de materiales, tanto de explosivos como de otros elementos (armas, matrículas, etc.), demostrando en sus últimas acciones una alta mejora en sus tropelías. Es muy posible que hayan conseguido una cantidad importante de dinero mediante la extorsión. Así que el desafío lo encaran con cierta superioridad, no nos engañemos.

La verdad es que ante el aumento de los atentados (de 33 en 2004 a 47 en 2005, y el incremento que llevábamos en 2006), hemos pasado de 116 detenciones en 2004 a 90 en 2005, y muy poquitas en lo que llevamos de 2006. Eso en cantidad, porque la endeblez cualitativa es más preocupante. Dice el análisis contrastado de Vasco Press que “El 65% de las acciones terroristas cometidas en 2003 estaban esclarecidas al acabar el año, mientras que en 2004, a estas alturas (enero 2006), sólo han sido esclarecidos el 24% de los atentados. La situación es todavía menos satisfactoria en lo que se refiere a 2005, pues sólo hay un atentado esclarecido”. Recordemos cómo hace un par de años se divulgaban las fotos de los sospechosos casi inmediatamente después de cometer los delitos. ¿Ahora?

Una situación peligrosa, esa de no conocer las ‘manos ejecutoras’ del contrario, como el púgil que no ve el puño que lo va a golpear. El consejero de Interior, señor Balza, dijo que hay varios ‘comandos’ asentados y operando, con lo cual es todavía más inexplicable la falta de resultados de la Ertzaintza. Dos años y medio sin ningún detenido de ETA, ni uno solo. Tal vez alguien debería exponer las causas de tamaña indefensión, por qué más de 7.000 agentes (con una unidad de más de trescientos agentes específicamente contra el terrorismo) han fracasado en la que se dice máxima prioridad del Gobierno vasco. La cuestión está ahora en cómo se puede reconducir esa situación, porque formalmente las policías debemos seguir haciendo nuestro trabajo, identificar a los terroristas y detenerlos. ¿Qué repercusiones tendría para el proceso abierto, sobre todo desde las opciones nacionalistas?

Estamos en el inicio del ‘incidente’ del proceso y ya tenemos complicaciones muy importantes para la seguridad. El cambio de paradigma nos exige una adaptación rápida, del enfrentamiento puro y duro, a un contexto (permítase la asimilación) ‘de geometría variable’. Aun así, con renovada ilusión y conscientes de la responsabilidad, quienes trabajamos en la seguridad podemos contribuir a un desarrollo favorable del proceso para la conclusión de la violencia terrorista. Parámetros de referencia son reducir y eliminar la impunidad terrorista, junto con el reforzamiento democrático que significará la ausencia de cualquier rentabilidad política para los terroristas. En todo caso, somos conscientes del verso de José Martí: “Y el suelo triste en que se siembran lágrimas / dará árbol de lágrimas…”. Por cierto, es el tiempo primaveral de la siembra.

Teo Santos es hertzaina y miembro de Bakeaz.

© Teo Santos, 2006; © Bakeaz, 2006.
Publicado en El Correo, 25 de marzo de 2006.

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