Introducción
Debo confesar que la petición de Bake Hitzak de escribir unas líneas sobre las aportaciones que Gesto por la Paz ha hecho como organización a la sociedad vasca me ha generado cierta inquietud. Se trata de hacer balance de una ya larga existencia ¿por qué? ¿para qué? Con la incomodidad de desconocer el motivo último de la petición —¿buscamos razones para seguir existiendo? ¿se trata de constatar y reconocer que ya no se es relevante y que, consecuentemente, hay que «bajar la persiana»?— intentaré ofrecer mi balance personal, junto con la proposición de algunas iniciativas que, al menos germinal e intuitivamente, encontrarían en Gesto por la Paz un referente adecuado cara al futuro inmediato.
Un balance manifiestamente positivo
Son varias las aportaciones, de distinto carácter, tanto teórico como práctico, que, tomadas en su conjunto, permiten hacer una muy positiva valoración de la actuación de Gesto por la Paz.
En el plano del pensamiento, de la formulación teórica (pero con importantes consecuencias en el terreno de lo práctico y concreto), Gesto por la Paz ha aportado o apoyado significativamente unos aspectos especialmente valiosos y relevantes, así:
- La separación de conflictos: la insistencia en distinguir y separar el conflicto político identitario del conflicto violento ha sido una aportación relevante y valiosa, que ha cuestionado, primero, y rebatido, después, la consideración de la violencia —y del terrorismo en concreto— como una simple expresión del conflicto identitario y/o como una necesidad natural, histórica o lógica derivada de él.
- La configuración de un espacio prepolítico, ético y, sobre todo, político prepartidario: el discurso de Gesto por la Paz ha posibilitado la identificación de un espacio social en el que han confluido con suficiente comodidad muy diversas sensibilidades políticas partidistas de la ciudadanía, desde el convencimiento de la existencia de un terreno común ético compartido por todas ellas e, incluso, por un terreno específicamente político, aunque no partidista.
- El rechazo de la doble moral: la existencia de la doble moral, de la diversa y contrapuesta valoración o juicio que determinados actos violentos generan, en función del sujeto agente y/o paciente del mismo ha sido algo habitual en nuestra realidad respecto de la cual Gesto por la Paz ha mantenido una postura teórica (y práctica) clara y coherente, asumiendo los costos concretos que ello le haya podido suponer.
- La referencia del valor máximo de la vida humana y el reconocimiento de la pérdida irreparable que supone su desaparición, independientemente de las características morales del sujeto y las circunstancias concretas en que se produce ha sido otro elemento especialmente significativo. En este caso, hay que reconocer que la vinculación excesiva del discurso —y la práctica— de Gesto por la Paz al hecho de la muerte violenta y la no diferenciación del modo en que se produce añade algunas sombras y debilidades al quehacer de la organización.
- La deslegitimación de la violencia: el paso del rechazo de la violencia a la elaboración y proposición de un discurso tendente expresa y explícitamente a la deslegitimación, a la negación de fundamento, justificación y sentido ético y político al ejercicio de la violencia de motivación política es posiblemente la última de las insistencias con las que Gesto por la Paz ha querido (y conseguido parcialmente) influir en el debate sociopolítico.
En el plano práctico, de la acción social, también podemos concretar algunas aportaciones manifiestamente interesantes:
- La canalización de la respuesta crítica ciudadana contra la violencia terrorista, ofreciendo unos cauces sencillos, prácticos y expresivos en unos momentos en los que no había precisamente modos de poder hacerlo.
- En este mismo orden de cosas, hay que reconocerle a Gesto por la Paz el acierto y creatividad en la formulación, experimentación y consolidación de unos modos de expresión social que han sido luego aceptados y asumidos por otras entidades, aunque también hay que apuntar que ha sido precisamente esta cuestión uno de los elementos de debate y polémica con otros grupos pacifistas.
- La atención y acogida de las víctimas del terrorismo y la difusión de sus voces diversas e incómodas: durante mucho tiempo, cuando las víctimas no eran visibles socialmente ni tenían la relevancia que a partir de mediados de la última década del siglo pasado han adquirido, Gesto por la Paz se ha acercado a ellas, preocupado por su situación y, posteriormente, les ha ofrecido la posibilidad de servir de altavoz a sus experiencias, memoria e ideas, incluso cuando han resultado incómodas o críticas.
Un reto cara al futuro
Aunque no se ha solicitado la colaboración para ello, me tomo la libertad de terminar estas líneas dedicadas al balance de lo realizado, desde la incomodidad manifestada al comienzo, apuntando algunas cuestiones que creo deben centrar la atención de Gesto por la Paz en el futuro, desde el supuesto de que, si bien se puede estar satisfecho por lo hecho —con la consiguiente sensación de que ya no hay nada más que ofrecer (algo así como «morir de éxito»)—, queda en realidad mucho más por hacer:
- Gesto por la Paz es una de las pocas organizaciones sociales —no dependiente de las Administración pública o de los partidos— en nuestro país que puede ejercer de «espejo social», de interlocutor atento, cercano e interesado con el mundo de las víctimas del terrorismo, generando un espacio donde se escucha, se contrasta, se comparte y se responde a las voces y discursos de las víctimas.
- En el mismo orden de cosas, desde la legitimidad ganada en este terreno, creo interesante la colaboración activa, discreta y estable de Gesto por la Paz en el acercamiento y reconocimiento mutuos de víctimas del terrorismo de distinto signo en nuestro país, como elemento de actuación imprescindible en el camino de la recuperación de la convivencia social, dañada gravemente por la violencia.
- También creo que, tras el deseable y necesario fin del terrorismo, se produzca cuando se produzca, habrá que estar dispuestos como organización durante muchos años a detectar, denunciar y responder a las actitudes que la práctica de cinco décadas de violencia terrorista va dejando como nefasta herencia en nuestra sociedad, ofreciendo propuestas de educación para la paz concretas y eficaces.
Todo esto podría ayudar a formular un proyecto de actuación de Gesto por la Paz, en continuidad y coherencia con los objetivos y las realizaciones del pasado y, al mismo tiempo, con la novedad de abrirse a las nuevas tareas y retos que tenemos planteados socialmente cara al futuro inmediato.
Galo Bilbao Alberdi es profesor de Ética en la Universidad de Deusto, colaborador de Bakeaz y de Gesto por la Paz.
© Galo Bilbao, 2009; © Bake hitzak, 2009. Publicado en Bake hitzak, 72, pp. 37-39 (marzo 2009).